En poco tiempo, la saga God of War ha pasado de ser la novedad a establecerse casi totalmente como clásico básico de las consolas de Sony. Tres son los títulos que acarrea ya a su espalda el bueno de Kratos, aunque aun falta para poder saborear el que sirva de colofón a la saga (al menos de momento) en la potente PS3.
Mientras tanto y después de quedarnos en pleno apogeo argumental tras God of War II para PS2, llega a nuestras manos Chains of Olympus, una precuela que nos hace retroceder varios años antes de la proclamación del espartano como Dios de la Guerra. Aquí nuestro amigo de pálida piel continúa siendo el recadero de los Olímpicos y mientras defiende Ática del asedio persa una nueva desgracia se cierne sobre los reinos humanos.
El sol deja de lucir y se precipita por el horizonte. Todo el mundo se cierne en la oscuridad. Tras esto, una extraña niebla comienza a inundarlo todo. Sin la cálida luz del sol brillando en el firmamento los demonios surgen del infierno y toman la tierra. Kratos cae rápido en la cuenta de lo que está pasando. Morfeo, Dios de los Sueños se ha hecho con el control de todo y, por lo que parece, hasta los Dioses está cayendo en el somnoliento influjo de esta deidad. Esto huele a conspiración. Los Dioses vuelven a relevarse unos con otros y por lo que parece, viejos enemigos como los Titanes vuelven a hacer de las suyas.
Un humano. Perdón, un espartano. Tendrá que volver a sacar las castañas del fuego a Zeus y sus Olímpicos, mientras espera que le libren de sus aterradores recuerdos. ¿Qué ocurrió en esta precuela de la genial saga? Con Chains of Olympus podremos volver años atrás y revivir las aventuras de este rudo héroe, que nos a robado el corazón.